sábado, 31 de mayo de 2008

Tasca 5a: **Mi experiencia como examinado y aprendiz evaluado en lenguas


La verdad es que tanto en mis clases de lenguas como en cualquier otra asignatura, en general, solamente he podido experimentar enfoques bastante clásicos (sumativos, quantitativos, normativos i heteroevaluativos. La mayoría de las veces, al finalizar el curso, se convocaba un examen en el que entraría todo lo que hemos aprendido, o que se supone que hemos aprendido a lo largo del curso.
Como he comentado en otras entradas, solamente podría hablar de mi aprendizaje del francés, ya que, el inglés no lo aprendí como una lengua extranjera, sino que toda mi escolarización fue en inglés. Y, clarísimamente, en mis clases de francés, funcionaba a la antigua: mil teoría de gramática complementados por ejercicios prácticos durante cada trimestre, y al final de cada trimestre, un examen final. A veces, en junio también hacíamos examen final en el que entraba todo lo que habíamos estudiado durante todo el curso. A partir de aquí, nos ponían una nota, que correspondía a la progresión general de todo el curso, pero lo más importante era el examen final.
Personalmente, creo que el enfoque de evaluación idóneo no existe, depende mucho de qué disciplina se esté tratando, que tipo de clase sea, etc. Es importante evaluar al alumno, para que aprenda, y para que él sea consciente de sus errores o de su buen rendimiento. Pero creo que el modo clásico de “teoría por un tubo y después un examen” no es el más adecuado, o a mi por lo menos, no me lo ha parecido después de muchos años de clases y clases. Creo que este tipo de enfoques sumativos no se basan en el aprendizaje progresivo de una persona, sino una carga de información “por la vena” al alumno. Lo único que se consigue a través de estos métodos es que la lección resulte pesada y que los alumnos se aprendan como loros lo que viene escrito en el libro.
Creo que el tipo de evaluación idónea debe ser progresiva, mediante ejercicios que motiven al alumno y si se desea, una evaluación final a modo clásico. Pero creo que en estos últimos años, los alumnos de cualquier tipo de estudios, nos tomamos las clases como algo aburrido, estudiamos dos días antes de un examen y al día siguiente ya se nos ha olvidado. En cambio, si todas nuestras asignaturas estuvieran basadas en la interacción del alumno- profesor, en ejercicios que motiven, etc. sería muy diferente, porque aprenderíamos sin apenas darnos cuenta.
Al intentar recordar el tipo de pruebas de evaluación que he realizado, me doy cuenta que he hecho de muchos tipos, aunque en mis clases de idiomas no todas. Recuerdo pruebas de diagnóstico en clases como matemáticas en las que el primer día nos hacían una prueba a ver cómo llevábamos el tema del curso anterior. De adscripción he hecho bastantes, ya que, he estado muchos veranos haciendo cursos de francés en Francia y necesitaban hacernos una pequeña prueba a todos para saber en qué nivel nos tocaba. Incluso en la carrera nos pedían una prueba de acceso, de manera que soy bastante experta en este tipo de evaluaciones. También he hecho varios exámenes de competencia que te permiten acceder a un certificado, como por ejemplo el Proficiency, que consistía en ejercicios de todo tipo: listening, writing, speaking, grammar, etc. Si uno de los apartados lo suspendías, aunque todos los demás estuviesen perfectos, no te daban el título. También hice el examen DELF de varios niveles, y no es tan duro como el Proficiency, pero tiene partes orales, de ejercicios, de redacción, etc.
La mayoría de evaluaciones han sido a partir de un temario que se va tratando en clase, a partir del cual teníamos que hacer pequeños trabajos a lo largo del curso, hacer ejercicios en casa y comentarlos en clase, exposiciones orales, etc. y a final de curso, un examen de todo el temario tratado. El modo de elección múltiple lo recuerdo en los exámenes para acceder a certificados, supongo que porque son más fáciles de corregir.
Una de las experiencias que más recuerdo fue en una clase de francés, a los 13 o 14años, en la que teníamos que preparar una exposición oral en grupo sobre un tema que la profesora nos había propuesto. Recuerdo que era sobre diferentes regiones francesas, y nosotros hacíamos La Bretaña. Lo llevábamos todo bastante preparado, pero no se por qué, nada más ponernos delante de la clase, nos entró a los 3 un ataque de risa horrible. Era una sensación horrible, ya que éramos totalmente conscientes de que teníamos que llevar a cabo la exposición, pero yo recuerdo que me era totalmente imposible parar de reír. Total, que los más ridículo fue que no pudimos ni empezar la exposición, porque la profesora vio que no parábamos de reír y que estábamos haciéndole perder el tiempo, así que nunca la llegamos a hacer. Nos puso un 0.
Creo que en general, sí que he recibido evaluaciones justas, aunque sí que es verdad que, he tenido días en los que he realizado un examen final, y a lo mejor no me encontraba del todo bien, o simplemente no era un buen día para examinarme, y por culpa de eso, tener una calificación peor de la que merecía teniendo en cuenta mi progresión a lo largo del curso. No es que no sea justo, simplemente da rabia, porque a lo mejor te has esforzado mucho durante tres meses, y por un mal día, o una mala hora, te juegas la asignatura.

1 comentario:

Chiara dijo...

Hola Clara!
Tu recuerdo de la exposición oral en la que no pudiste parar de reír...me ha hecho reír mucho!Aunque me imagino que a tí en su momento no te hizo mucha gracia...supongo que fue debido al nerviosismo, en cambio de quedaros sin poder hablar...os tocó el ataque de risa!Bueno...una experiencia distinta!