lunes, 12 de mayo de 2008

tasca 2: * teorías

Creo que a lo largo de mi vida de aprendiz de lenguas he experimentado todo tipo de teorías de enseñanza. He aprendido dos lenguas a parte de mis lenguas maternas: el inglés y el francés.
En mi caso, el inglés lo aprendí de una manera más progresiva y natural, ya que estudié desde los 3 años en The American School of Barcelona, de manera que, cuando apenas podía hablar mis lenguas maternas empecé a hablar una tercera lengua. Creo que en este caso, el tuve una enseñanza socioconstructivista, ya que, partiendo desde cero, fui aprendiendo a hablar una tercera lengua, y sin apenas darme cuenta. No recuerdo cómo empecé a hablar inglés, pero supongo que mis profesores empezarían hablándonos a todos en inglés desde el primer día.
Otra lengua extranjera que empecé a hablar desde pequeña es el francés. Empecé a tomar clases de francés a los 8 años. Para empezar, hacía clases particulares en casa dos horas a la semana. Mi profesora utilizaba mayoritariamente un método totalmente conductivista. Recuerdo que lo primero que aprendí a decir fue: j’ai, tu as, il a, nous avons, vous avez, ils ont. Es gracioso, porque nisiquiera sabía que quería decir exactamente, simplemente me aprendí la sonoridad que tenía, de repetirlo una y otra vez. Al cabo de bastantes clases, me resultaban tan aburridas que cuando a las 6 de la tarde de cada viernes, escuchaba el timbre de la puerta, me escondía debajo de mi cama, porque se me encogía el estómago solo de pensar en lo que me esperaba durante las próximas dos horas. A raíz de ahí, mi profesora intentó cambiar sus métodos de enseñanza, y aplicar una técnica más socioconstructivista e incluso humanista.
Recuerdo que salíamos al parque a jugar, y al mismo tiempo, aprendía cómo se decían las cosas que veía: una pelota, un coche, un niño, un bar, una señora, un arbol, un banco, una tienda, etc. Recuerdo aprender muy rápidamente y disfrutar bastante de mis clases de francés. Después, empecé a ir al Institute Français de Barcelona, donde las clases eran en grupo, y se dividían en dos partes, más o menos. Casi todos los cursos fueron prácticamente iguales. Empezábamos la primera parte de la clase haciendo ejercicios de gramática, y después, poníamos en práctica la teoría que acabábamos de aprender a través de diálogos entre nosotros, ejercicios orales, o juegos.
Las clases de lenguas en las que he aprendido más han sido en las estancias de verano que he hecho en Francia varios años. Cada día hacíamos 3 horas de clase. Al ser cursillos de verano en Francia, las clases estaban más enfocadas a la oralidad de la lengua, y por eso, aprendíamos a hablar francés haciendo debates, teatrillos, pequeñas escenificaciones delante de la clase. Me parecía bastante divertido, ya que los temas que tratábamos en los debates y en los diálogos eran bastante polémicos y de interés común. También escuchábamos música, y descifrábamos que quería decir la canción.

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